El 14 de febrero de 1990, la nave espacial Voyager 1 fotografió la Tierra desde una distancia de 3.7 mil millones de millas. El resultado fue una de las imágenes más icónicas de la historia. El astrónomo Carl Sagan la llamó el “punto azul pálido”, un reflejo de la insignificancia de la Tierra en el cosmos. Pero, ¿está realmente nuestro planeta irremediablemente perdido en un universo frío y oscuro? ¿O acaso los Salmos de David reflejan con más exactitud el valor inherente de la Tierra y de los seres humanos que la llaman hogar?
David y el Punto Azul Pálido
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