A diferencia de las leyes humanas, que cambian por intereses políticos y sociales, la normatividad de Dios es eterna e inmutable. La legislación moderna, influenciada por la naturaleza carnal del hombre, contrasta con los principios divinos, destacando la necesidad de gobernantes guiados por el Espíritu Santo.
La Normatividad Eterna de Dios vs. Las Leyes del Hombre
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