Cuando la justicia se administra sin temor de Dios, las leyes favorecen a los poderosos y oprimen a los débiles, olvidando el verdadero derecho establecido por el Creador.
La justicia sin Dios es injusticia
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Cuando la justicia se administra sin temor de Dios, las leyes favorecen a los poderosos y oprimen a los débiles, olvidando el verdadero derecho establecido por el Creador.