Cuando nos vemos a nosotros mismos como Dios nos ve nos damos cuenta de nuestra desesperada necesidad de reconciliarnos con el Dios que ofendimos. Una prostituta en la época de Jesús estaba desesperada y su deseo de sanidad llevó a Cristo a decirle estas palabras: "Tus pecados han sido perdonados".
Jesús, el perdón, y tú 3
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