En todos los sentidos, al que estaba sentado en el trono se le otorgó su majestad y su poder para gobernar. Existe esa palabra de adoración; ellos comenzaron diciendo: "Señor, digno eres", de esto deduzco que inmediatamente no reconocieron a nadie igual ni superior a Aquel quien estaba sentado en su trono soberano y ante quien las criaturas vivientes decían constantemente Santo, santo, santo. "Señor, digno eres de recibir la gloria y la honra y el poder; porque tú creaste todas las cosas, y por tu voluntad existen y fueron creadas".
La adoración celestial
Agregar a favoritos