Amando al mundo, amando a Dios 2
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1 Juan 2:15
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Amando al mundo, amando a Dios 1
Para los creyentes, amar a Dios y al mundo al mismo tiempo es imposible. Hoy, le echaremos un vistazo a la gran división que todos enfrentamos cuando los medios de comunicación e Internet nos atacan.
El poder seductor del deseo 4
Los poderes demoníacos usan el acceso fácil de Internet al mal para atraer a los usuarios de computadoras a la esclavitud.
El poder seductor del deseo 3
En cualquier batalla, no puede haber victoria sino hay una buena estrategia. Esto es realmente cierto en la guerra que se desarrolla entre los medios y nuestros corazones.
El poder seductor del deseo 2
El deseo, especialmente el deseo sexual, puede atraernos a hacer cosas que sabemos que son equivocadas. Nuestros corazones pueden alejarse de Dios a menos que tomemos medidas para evitarlo.
El poder seductor del deseo 1
Ya sea en la iglesia o no, todos nosotros, como seres humanos, somos propensos a los pecados morales, y los medios de comunicación hacen que ese pecado sea fácil de cometer. Hoy, explotaremos más mitos sobre quién es vulnerable al poder de internet...
La batalla por tu corazón 3
En esta era de Internet, no es sorprendente que la inmoralidad sea desenfrenada, ya que en primer lugar estamos predispuestos al mal. ¿Cómo deben protegerse los cristianos de los ataques de los medios que gritan desde sus computadoras y pantallas de televisión?
La batalla por tu corazón 2
La palabra de Dios está repleta de advertencias para evitar lugares que nos ponen en riesgo de fracaso moral. En el pasado, eso significaba "no compres una revista pornográfica." Ahora significa "no vayas a un sitio explícito en la red."
La batalla por tu corazón 1
Hoy escuchamos un llamado a las armas, un llamado a enfrentarnos con aquellos que usan internet y otros medios para esclavizarnos.
Rescatados del pecado habitual 3
El enemigo de nuestras almas hará lo que sea para mantenernos atrapados en los pecados que solíamos cometer. Jesús nos libera de la compulsión a pecar.
Rescatados del pecado habitual 2
Los creyentes no tienen la obligación de pecar, y tienen todas las oportunidades de echar afuera el pecado por la puerta. Lo que se necesita es considerar para sí mismo que se está muerto al pecado.